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  • TRES PLANTAS cocina macrobiótica

AROS DE CEBOLLA AL TOQUE DE ROMERO




Ingredientes

cebolla, harina de trigo sarraceno y romero


Proporción

para la masa: 1 medida de harina de trigo sarraceno por 1 medida de agua


ELABORACIÓN


Si quieres una receta festiva y fácil, aquí la tienes. Únicamente hay que tener en cuenta algunos detalles relacionados con la fritura.


En primer lugar pela la cebolla. Luego córtala perpendicularmente al sentido de sus fibras, es decir en horizontal. No hay prisa, lo importante es que consigas unos aros de grosor homogéneo, de lo contrario algunos trozos del aro o algunos aros quedarán crudos o quemados respecto a los otros.


Aquellos que no sigan el patrón o que se rompan, descártalos, servirán para cualquier otra receta en la que eso no importe. No los hagas muy gruesos (máximo ½ cm), ya que entonces difícilmente se cocerá la cebolla sin que el rebozado se queme.


A continuación prepara el romero, si es fresco mejor, sino también sirve. Puedes picarlo un poco para que se mezcle mejor con la harina.


Ahora ya puedes hacer la masa para rebozar. En un bol o ensaladera, mezcla la harina, el agua y un poco de sal. Remueve bien hasta que no queden grumos. Recuerda que al ser harina de trigo sarraceno el agua debe ser del tiempo, no caliente, ya que esta harina cuece enseguida y si la temperatura del agua es elevada esos grumos ya no se deshacen.


Añade el romero y la cebolla. Mezcla bien y comprueba que la cantidad de masa es suficiente con respecto a la de cebolla. Los aros deben quedar bien envueltos por la masa. Si no tienes romero a mano, puedes poner alguna otra hierba aromática o ninguna.


Una vez tienes todos los ingredientes listos, organiza el dispositivo de fritura. ¿Dispositivo? Sí, me refiero a que una vez el aceite esté caliente, no vas a tener tiempo de preparar los utensilios que necesitas. Algo básico cuando hacemos fritura es que el aceite no se queme, es decir que no suba en exceso su temperatura, y eso ocurre porque el calor es demasiado intenso y/o porque no hay nada que freír. Entre que sacas una tanda de aros y pones la otra, debe pasar el mínimo tiempo, de lo contrario el aceite empieza a humear y luego nuestro cuerpo lo notará en forma de digestión pesada y otras molestias.


Por lo tanto, prepara: un recipiente con colador o una bandeja con rejilla para que los aros pierdan el exceso de aceite, una espumadera adecuada para sacarlos de la sartén, una bandeja con papel de cocina para depositarlos posteriormente, la bandeja en la que servirlos y alguna cosilla más que enseguida te explico.


Hecho esto, pon el aceite a calentar. Aceite vegetal de calidad, de sésamo, colza o girasol. El de oliva tiene un sabor muy intenso y es más ácido que los que acabo de citar, por lo cual no lo recomiendo en este caso. La cantidad debe ser abundante, de lo contrario los aros absorberán mucho aceite. Puedes comprobar si el aceite está caliente con un palillo chino. Si al apoyar la punta en el fondo de la cazuela o sartén aparecen burbujas, ya no hay que esperar más.


Con la mano, coge algunos aros y viértelos en la sartén, con cuidado, cerca del aceite para que no salpique y mejor aún dejando que se deslicen por uno de los laterales del recipiente. Procura separar unos aros de los otros antes de dejarlos caer. No pongas demasiados de una sola vez, eso enfriaría el aceite. Lo mejor es que ocupen la mitad de la sartén o menos. Muévelos y gíralos de vez en cuando para que se frían uniformemente. Cuando estén bien dorados, sácalos y déjalos escurrir en el colador o escurridor. Rápidamente añade más aros.


Mientras los nuevos aros empiezan a freírse, te recomiendo que los que ya están fritos los pases a la bandeja con papel de cocina y los rocíes por ambas caras con tamari (salsa de soja natural). Eso les da un sabor delicioso y los hace más digeribles. Para ello, el dispositivo de fritura debe incluir también una botellita de tamari con pulverizador. Hazlo cuando aún estén muy calientes, así el tamari no humedece los aros. No le quites el ojo a los aros de la sartén y pasa los que acabas de rociar con tamari a la bandeja definitiva.


Repite la operación tantas veces como sea necesario. Cuando se acaben los aros, si ha sobrado masa también puedes freírla.


Si has conseguido que ni el aceite ni los aros se quemaran, puedes recuperar ese aceite para uno o dos usos más. Pero para eso tengo que contarte un truco. El famoso dispositivo debe constar también de un trozo grande de verdura cruda (una zanahoria o algo que no deje mucho sabor en el aceite). Cuando ya no quede nada más que freír, apaga el fuego e inmediatamente pon ese trozo de verdura en el aceite. Así el calor residual freirá la verdura y evitarás que el aceite se queme.


Una vez se haya enfriado el aceite, puedes colarlo y guardarlo para una segunda o tercera sesión de frituras.


Esta receta la puedes hacer con otras verduras o con varias de ellas a la vez. Dependiendo del tipo de verdura y del grosor de los trozos quizá tengas que cocerlas un poco previamente para que su cocción se complete al freírlas.


Por último, te aconsejo que acompañes cualquier fritura con alguna ensalada o verdura cruda. Los rabanitos, por ejemplo, son muy adecuados, ya que tienen un efecto refrescante que compensará muy bien ese calor tan intenso que la fritura transmite a los alimentos.


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cebolla trigo sarraceno romero